domingo, 13 de diciembre de 2009

“Sé que no será fácil volver”

Tras haber cumplido con la sentencia estipulada por el juez penal a causa del asesinato de Mirabel Segura, su esposa, Daniel Salgado, ahora ex convicto y en libertad condicional, se reúne con una serenidad estremecedora a con los medios; evadiendo miradas, limpiando el sudor de sus manos en un pantalón descolorido, para luego meterlas hasta el fondo de sus bolsillos. Un hombre alto, magro y curvado. 
Al preguntarle por los 20 años que ha pasó en prisión, Daniel sonríe tímidamente, aguarda en silencio, buscando una respuesta o las palabras adecuadas para hacerlo. “Tengo ya 42 años… fue un tiempo prolongado, difícil, de desvelos, de reflexión; aislado… fui maltratado en varias y múltiples ocasiones, horas de impotencia. Tardé en reaccionar, creo que al final lo logré. Soy otra persona. No entiendo en que forma, mas sé que he cambiado”. Reafirmó haber sido reformado mientras se hundía en el sillón en que lo habían acomodado.  
¿Está usted conciente de lo que hizo? “No sólo eso; yo diría que estoy arrepentido. Estaba cegado, cegado por una fe obstinada, todo el mal que hice en nombre de lo que debería ser el bien. Me duele recordar. Ella jamás tuvo malas intenciones” se cubre los ojos. Su pasado lo atormenta. Daniel era un ferviente y ortodoxo cristiano, quien sufría pánico moral (reacción basada en la percepción falsa o exagerada de algún comportamiento subcultural o de grupo minoritario como peligrosamente desviado y que representa una amenaza para la sociedad). Hombre trastornado quien vio en su esposa un ser de naturalezas  malignas.
¿Alguien lo espera fuera, tiene usted familiares? Daniel mira por la ventana. “Ninguno que me recuerde, o sepa de mi existencia. La mayoría se han instalado en la capital, si no, es porque están muertos”. Se ha ensimismado en sus recuerdos, su rostro cambia, se suaviza.
A 38 años de la última reforma penitenciaria, ha quedado demostrado el fracaso de las prisiones en México, a pesar de sus programas para la  reinserción  social de ex convictos (bolsa de trabajo, microcréditos, valoración y apoyo psiquiátrico, etc.); esto se debe a su sistema, que se sustenta en castigar las acciones antisociales sin preocuparse por un verdadero programa de reinserción. Sin embargo, Daniel nos expone sus alentadoras expectativas. “Estoy preocupado, sé que no será fácil volver y ver que todo lo que tenia se ha perdido o ha cambiado, pero aun así, siento que tengo que intentarlo, voy a luchar para ganarme esta nueva libertad, ya no por seres supremos o fuerzas sobrenaturales, sino por mí. Sólo espero deberás ser aceptado y se me otorgue otra oportunidad”. Con estas palabras, Daniel nos demuestra que lo ultimo que se pierde, es la esperanza.  

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